jueves, 28 de enero de 2016

La corrupción como valor añadido.




Hace ocho años, las grandes estafas financieras y las prácticas corruptas de los grandes partidos desencadenaron en España un proceso de descomposición del sistema político que todavía hoy permanece inconcluso. Sin embargo, han tenido que pasar muchos despidos, muchos desahucios, muchos autónomos arruinados y muchos jóvenes sin futuro para que la gente pusiese fin con su voto al sistema de partidos nacido de la Transición. El 20 de diciembre de 2015, al menos 9 millones de personas cambiamos nuestro voto y pusimos fin a un sistema de organización parlamentaria de apariencia pluralista, pero cuya práctica permitió desplegar durante décadas el abanico de las peores artes del bipartidismo, vestido en España con traje de mayoría absoluta y decreto ley.
¿Por qué ha costado tanto esfuerzo cambiar el sistema de partidos? La pregunta no es nueva. La respuesta tampoco. El sistema electoral construido durante la Transición se diseñó precisamente para eso: para conformar un sistema prácticamente bipartidista, con rendijas que únicamente permitiesen entrar en el juego a las formaciones mayoritarias en sus respectivos territorios, pero que estableciese un veto de facto sobre terceras alternativas de ámbito estatal. La artimaña es bien conocida: la provincia como circunscripción y la asignación de dos diputados por provincia con independencia del número de habitantes. No es casual que el legislador eligiese el único nivel administrativo del Estado no sometido a control democrático directo. El resultado es bien conocido: España cuenta con uno de los sistemas electorales proporcionales más desproporcionales de Europa y del mundo, valga el trabalenguas. El voto de un turolense cuenta casi el doble que el de un madrileño; el de un barcelonés casi la mitad que el de un zamorano. Un escándalo difícil de justificar, una violación flagrante de la igualdad política, esa igualdad burguesa y esencial que constituye la columna vertebral del derecho civil y político occidental y conforma el sustrato ideológico en el que germinaron todas las democracias europeas del siglo XX.
Es por este retorcimiento del principio de igualdad por el que ha hecho falta acumular una ingente cantidad de fuerza política para que esa mayoría social que lleva años reclamando cambios lograse visibilizarse en el Congreso de los Diputados. El pasado 20 de diciembre lo logramos y, sin embargo, a pesar del enorme avance, el sistema electoral ha vuelto a operar como dique del cambio. Si nuestro sistema electoral estuviese diseñado para garantizar el valor igual de todos los votos, esa noche la vicepresidenta en funciones, Soraya Saénz de Santamaría, habría anunciado los siguientes resultados: PP 100 diputados, es decir, 23 diputados menos de los realmente obtenidos; PSOE 77, 13 menos de los obtenidos; Podemos y sus confluencias, 72 diputados, 3 más de los obtenidos; Ciudadanos 48 diputados, 8 más; e IU 13 diputados, 11 más de los realmente obtenidos. Ha llegado el momento de ponerse a trabajar en pro del cambio constitucional para hacer cumplir ese viejo mandato democrático que en el mundo (también en España) reza: una persona, un voto. ¿Empezamos?

martes, 13 de octubre de 2015

Rato libre,sin pasaporte, pero 5 días para ir a Suiza






Como siempre, los que tienen el poder y sus voceros, no les gusta que se les toque ni con el pétalo de una rosa.
No voy más lejos. Siempre he dicho que las cárceles están llenos de quienes roban un pollito o una bici, pero nunca hay nadie de CUELLO BLANCO.
Sin ir más lejos, hoy entraba a la cárcel un muchacho de 24 años, casado ya con empleo y padre, por que hace 4 años cometió la falta de robarse una bici de 200 euros.
Mientras, los 184,030 miembros de la oligarquía nacional(reitero los 30 que según Forbes tienen más de 1,000 millones de dólares y los 184,000, que sin considerar sus residencias, sus automóviles, sus joyas y sus obras de arte tienen en efectivo desde 1 a 999 millones de dólares),siguen siendo dueños del país.
España tiene un PIB de 1.5 billones de dólares de España, pero hay guardados por esas oligarquías 300,000 millones de dólares en paraísos fiscales.Por supuesto todos callan, ni importando la injusticia ,la inmoralidad que significa ello.
En un sólo día Amancio Ortega que antes de la crisis tenía 8,000 millones de dolares, en 5 años de crisis pasó a tener 68,000 millones. ¿ De donde salieron?. De los salarios de miseria en Bangladesh o de la explotación de los niños de Brasil,todos, como España sin trabajo y explotados por los de siempre.
Pero junto con ellos, la inmensa mayoría de los españoles se desahogan en ele futbol o con las Belenes Esteban y toda la porquería que nos meten en la televisión, y que adormece.
Luego, hablo de grandes mayorías, descargamos en las calles, en los cafés sin hacer nada para remediarlo.
Lo de Rato, lo de la Gurtel, lo de los ERES, es una verdadera verguenza.Pero, ¿ que dedos movió usted para modificar esta injusticia?.
Lo de Pan y Circo no es nuevo.Ya los romanos nos enseñaron como hacerlo.
Pero aquí, más temprano que tarde como decía aquel 11 de septiembre Doctor Salvador Allende, esto cambiará.No  se quejen los que acumulan y acumulan sin pensar en los demás, que futuro van a encontrar sus nietos con sus apellidos.
Rodrigo Rato Figaredo, tristemente asturiano, debía estar hoy cocido en la cárcel,como tantos más.
Pero no, hoy el que va a entrar en la cárcel es es hombre que se robó hace 6 años un bici a los 18 años, y que va a perder el trabajo que logró.

lunes, 20 de julio de 2015

Aferrados a los sillones, Gobierno de Ladrones.




CLEPTOCRACIA o GOBIERNO DE LADRONES


Hemos estado siendo gobernados por muchos políticos que han ido saqueando las instituciones y por eso no es de extrañar que, según el último barómetro del CIS correspondiente al mes de Mayo, la corrupción sigue siendo con el paro, la principal inquietud de los ciudadanos. Tras las recientes elecciones autonómicas y municipales y con todos los partidos políticos pactando para llegar a acuerdos de gobierno, las tramas de corrupción siguen golpeando duramente a la clase política, de modo que los ciudadanos cada día, seguimos sintiendo más desafección y más desconfianza hacia los políticos.

Aun cuando hay casos muy destacado como son el caso Bárcenas, la trama Gurtel, la operación Malaya,  los eres falsos de Andalucía, las tramas del Palma Arena y Noos, los casos Pallerols y Palau de la Música en Barcelona, la operación Púnica, la operación Campeón, el caso Marea de Asturias, Villa también en Asturias, etc. lo realmente relevante es que en estos momentos los Tribunales tienen abiertos la escalofriante cifra de 1.700 casos de corrupción política, con más de 500 políticos implicados y con unos 40.000 millones de impacto económico que es la cifra que ha sido robada literalmente a los ciudadanos.

Ya en Febrero del año pasado, la Comisión Europea elaboró un informe de corrupción en España, que radiografiaba la columna vertebral del sistema de relaciones corruptas que ahora, poco a poco, están saliendo a la luz. Este informe sonrojaría a cualquier político, pero, con la partitocracia y politocracia que hemos tenido hasta ahora, se ha seguido favoreciendo que las instituciones no tuvieren control y eso ha llevado a que muchos políticos y empresarios hayan aprovechado tanta permisividad, para meter la mano en las arcas públicas.

Yo, a esta situación de corrupción política generada por la ausencia de control en las instituciones, la llamo “cleptocracia”, término que literalmente significa “gobierno de ladrones”. Este gobierno de ladrones ha diezmado a las clases medias españolas. Y, para poner coto a esos ladrones, llevarlos a todos ante los Tribunales, juzgarlos pronto, condenarlos, llevarlos a prisión si fuere el caso y hacer que devuelvan todo lo robado a las arcas de donde lo han sacado,  es urgente poner en marcha un urgente proceso de higienización democrática que ponga coto a tanta tropelía.

Hasta ahora, los politócratas y partitócratas, anclados y aferrados a los sillones de las instituciones durante mucho tiempo, excepto algunos paños calientes para lavar un poco la cara, no han hecho nada de calado y como consecuencia de esa inacción, ellos han  engendrado y creado a esos partidos emergentes llamados Ciudadanos o Podemos, que han sabido canalizar el descontento ciudadano, que han entrado con fuerza en las instituciones y que ahora obligan a pactar por aquí y por allá, provocando el miedo y el rechinar de dientes de los grandes y acomodados partidos. Estoy convencido que tras estas elecciones pasadas, España ha entrado en una segunda transición democrática y que ahora sí se va a iniciar un serio proceso regenerativo

A mi juicio, ese proceso regenerativo tiene que pasar por una profunda reforma del arcaico sistema penal español, actualizando tanto del Código Penal como del Código Procesal Penal, para implantar nuevos tipos delictivos  o incrementar las sanciones de los actualmente previstos, contra delitos tales como la financiación ilegal de los partidos políticos o para agilizar los largos procesos actuales, de modo que se den herramientas a los Tribunales para luchar de modo más eficaz contra esta corrupción política que se configura como un auténtico crimen organizado.

Tiene que pasar también por una clara despolitización de la Administración de Justicia, propiciando la independencia del Poder Judicial impidiendo que sean los políticos los que elijan a los representantes de Jueces y Fiscales. Es necesario también dotar de medios personales y materiales suficientes a los tribunales y organizar una policía especializada así como una Fiscalía especializada y autónoma. Se necesita mejorar la transparencia, estableciendo rigurosos controles administrativos y reforzando el papel y la independencia de los órganos reguladores y de control de las administraciones públicas (Tribunal de Cuentas, Agencia Tributaria, Banco de España, Intervención del Estado, Interventores municipales, etc.). Los ciudadanos, en todo momento, tenemos que saber lo que ocurre en las instituciones que han de ser transparentes.

En resumen, para finalizar, España necesita un proyecto de regeneración democrática a medio y largo plazo y para ello, lo más adecuado, es que este proyecto sea elaborado por profesionales jóvenes que entren ahora en el terreno político, desprovistos de mochilas políticas, de dineros en Suiza o imputados en casos de corrupción. Gente nueva no contaminada, que sea capaz de abrir ventanas, airear las instituciones, establecer las reformas necesarias y acabar con esta cleptocracia que tanto ha perjudicado a los ciudadanos de este país.

miércoles, 8 de julio de 2015

Una vergüenza de país; El Senado una agencia de colocación para el PPSOE




Una de las causas principales que explican el desafecto de los ciudadanos hacia la clase política en España -acreditado en cada barómetro del CIS- es el empeño que han demostrado los partidos para domeñar las instituciones hasta el punto de provocar la esclerotización de un sistema político lastrado por el enchufismo y la falta de ejemplaridad. Tal necesidad de cambio vuelve a ponerse de manifiesto con la designación de senadores autonómicos. El PP, igual que hizo el PSOE con algunos de sus barones, ha enviado al Senado a cuatro ex presidentes que perdieron el poder tras el 24-M. En total,la Cámara Alta acoge a nueve ex presidentes cuyo gasto en nóminas ronda los 600.000 euros. El PP y el PSOE demuestran así que siguen empecinados en mantener el Senado como una agencia de colocación de políticos retirados y en una actitud refractaria a la regeneración que exigen los ciudadanos. Los partidos tradicionales no deberían esperar al empuje de los emergentes para eliminar privilegios y erradicar prácticas incompatibles con la ética pública, como las puertas giratorias, que ahondan en el desprestigio de la política.
Luisa Fernanda Rudi, Alberto Fabra, José Ramón Bauzá y Pedro Sanz son los cuatro dirigentes del PP que pasarán a engrosar la lista de barones que recalan en la Cámara Alta. El PSOE tampoco puede sacar pecho después de colocar en esta cámara a algunos de sus ex presidentes, como Lerma, Antich o Montilla, quien cobra 9.000 euros de pensión de la Generalitat además de su sueldo senatorial. La displicencia con la que los grandes partidos han convertido al Senado en un cementerio político quedó plasmada ayer en las palabras de Fabra, quien rechazó compatibilizar sus actas de senador y diputado valenciano -aunque la ley lo permite-, no por una voluntad ejemplarizante, sino por falta de empeño. "Yo llego donde llego y soy consciente de que eso es imposible", afirmó. El Senado ha reducido su presupuesto de los 61 millones de euros de 2009 a los 52 millones actuales, de los que 13 corresponden a retribuciones. Pero lo mollar es que sigue sin ejercer el papel de cámara territorial que le otorgó la Constitución del 78. Los intentos fallidos de renovar esta institución deberían culminar en la reforma constitucional pendiente: o el Senado se transforma de verdad en un instrumento capaz de contribuir a la vertebración autonómica o no hay razones para mantenerlo como una cámara de segunda lectura.
De la misma forma, urge suprimir el estatus del que disponen los presidentes regionales cuando dejan de serlo. El desarrollo del Estado autonómico ha erigido a los barones en sucedáneos de minipresidentes del Gobierno. Esto explica que casi todas las CCAA imiten -total o parcialmente- a Cataluña y el País Vasco a la hora de conceder una pensión vitalicia a sus ex presidentes, además de una oficina, personal de apoyo y chófer. Cifuentes, forzada por Ciudadanos, se plantea eliminar el Consejo Consultivo que acoge a los ex presidentes madrileños. Sin embargo, los partidos siguen sin asumir que la política es una profesión de paso. Abochorna que, con una reforma de las administraciones orillada, los gobiernos autonómicos hayan preferido recortar en sanidad antes de liquidar una burocracia que sólo sirve para dar empleo a dirigentes cuya vida política ha quedado amortizada.
Benjamin Disraeli sostenía con socarronería que el mundo está lleno de estadistas a quienes la democracia ha degradado convirtiéndoles en políticos. Desde luego, el mantenimiento de los privilegios en la clase política española constituye una vergüenza en un país asaeteado por la crisis y, mientras no se corrijan, seguirán siendo un muro para que los políticos recuperen parte del crédito dilapidado.

lunes, 29 de junio de 2015

Privatizar, ¿para qué?




La desamortización de las palabras y de las ideas es una cuestión apremiante para el pensamiento progresista, si es que aspira a seguir siéndolo. El tótem de lo público y el tabú de lo privado, verdaderas líneas de demarcación de la izquierda en el curso profundo de su discurso, implican sendos prejuicios que, como tales, vienen vedando el análisis crítico de muchas cosas. Desamortizar es, por tanto, una tarea que consiste en reocupar con juicios críticos los territorios ideológicos que estaban acotados por prejuicios.Privatizar, ¿para qué? es una pregunta que también debe empezar por ser desamortizada: no es una sentencia (que negativice la privatización), sino una interrogación. Desamortizar las ideas significa poblar de preguntas los espacios que estaban ocupados por las respuestas.
El primer signo de interrogación afecta a la naturaleza misma -pública o privada- de lo que aparentemente está dentro de lo público y de lo privado. Ese cuestionamiento debería llevarnos a considerar que cuando una empresa, servicio o institución atiende, en su práctica real de funcionamiento, antes a los intereses particulares de un grupo corporativizado que a los de la generalidad de los ciudadanos, no procede situarla conceptualmente en el sector público. En ocasiones sucede a la inversa: un sector de la economía nominalmente privado puede estar sometido a un sistema de controles y mecanismos de intervención que haga predominar en él los intereses generales y lo acerque, de hecho, a la caracterización intrínseca de lo público.
Este primer cuestionamiento, que pretende poner de manifiesto la fluidez de la frontera real entre lo público y lo privado, es particularmente pertinente en una sociedad avanzada y compleja, como ya es la nuestra, en la que lo público no puede identificarse con la titularidad jurídica de la empresa, servicio o institución, pues existen otras vías, regulativas o presupuestarias, que implican severos sometimientos de lo privado a lo público y convierten esa supuesta frontera en un gradiente de intervención, con una gama casi infinita de tonalidades.
Una segunda cuestión es la que concierne al concepto de la eficiencia,tradicionalmente esgrimida por los privatizadores y aceptada a regañadientes por los publificadores. En realidad, en una sociedad altamente integrada, la búsqueda de la eficiencia no sólo no es contradictoria con la aspiración a la justicia social, sino que la justicia social constituye el soporte moral de la eficiencia. Cuando un colectivo, corporación o grupo social es poco eficiente en su aportación de bienes o servicios al sistema, está obteniendo un beneficio a costa de los colectivos o grupos más eficientes. Este intercambio desigual del esfuerzo aportativo violenta la justicia distributiva tanto como una inequitativa distribución de los bienes producidos.Esto nos lleva a un tercer asunto, atinente al denominado Estado de bienestar. En general, los servicios sociales que constituyen la estructura clásica de tal Estado funcionan bastante mal, o, en todo caso, podrían funcionar bastante mejor, y aportar a la sociedad, con el mismo coste, mucho más bienestar que el que actualmente proporcionan. Si una gestión privatizada se revelara capaz de proporcionar un mejor servicio público, esta encomienda privada mejoraría el Estado de bienestar, porque el contingente de bienestar proporcionado por el mismo coste -esto es, con el mismo esfuerzo del contribuyente- sería mayor. Resumámoslo en dos axiomas (no todo han de ser preguntas); el primero: no es lo mismo el Estado del bienestar que el bienestar del Estado (el de sus servidores). El segundo: los puntos de vista que deben prevalecer en este asunto son el de los contribuyentes (que pagan el servicio) y el de los consumidores (que lo disfrutan, o no).
Esto abre la puerta a una cuarta cuestión, que es la de las modalidades de privatización. Podría sostenerse que no es la naturaleza de la gestión de un servicio la que cualifica su carácter público o privado, sino la de quien lo paga y quien lo consume. Si un servicio se financia públicamente y es consumido universalmente, estaremos ante un servicio público, por importantes que sean los segmentos de gestión privatizados en su interior. No es, por tanto, asimilable una privatización que mercantilice un servicio público, poniéndolo al alcance sólo de aquellos que puedan pagarlo, a la que consista en introducir ámbitos más o menos extensos de gestión privada en un servicio de prestación generalizada.
La búsqueda de una mayor eficiencia -entendida como producción de más bienes y ser vicios a menor coste- habría de ser la justificación posible, y el permanente hilo conductor, de una política privatizadora. Pero esa mayor eficiencia no puede partir de un dogma, ni de un apriorismo. En una dimensión estratégica, que evalúe los resultados en el medio y el largo plazo, no está verificada con carácter general la superioridad de la gestión privada. Ahora bien, resulta indudable que a la hora de buscar una productividad más apretada -que es la cuestión en la que se dirime el futuro del sector público y del Estado de bienestar- los patronos privados suelen ser más eficaces y diligentes que los públicos, de lo que se colige que la introducción del interés privado en algunas de las áreas actuales del sector público contribuiría al interés general -identificado con el de los contribuyentes y los consumidores- si por esa vía mejora su eficiencia.
Las generalizaciones, en todo caso, son odiosas, por su dependencia de los dogmas (o simples modas) publicistas o privatistas, de los que casi siempre son tributarías. Cuando, por ejemplo, se trata de justificar las privatizaciones en el afán de allegar recursos para paliar el déficit público se desconocen procesos tan elementales como el siguiente: ya que no se privatiza lo que se quiere, sino sólo lo que encuentra comprador privado, y éste suele tener una comprensible afición a los negocios ya rentables, lo probable es que se terminase transfiriendo al sector privado aquello que da beneficios, dejando en el sector público aquello que da pérdidas, con lo que se renunciaría a los efectos compensatorios de los buenos negocios en el balance final, y el déficit se incrementaría.
De lo hasta ahora expuesto se desprende la necesidad de una estrategia en el asunto de la privatización. Una estrategia es, ante todo, un elenco de fines generales y particulares al servicio del que se ponen unos medios, en un horizonte y con una cadencia temporales definidos. Nuestra sociedad, y la importancia del asunto, se merecen ese debate, llevado con el rigor que no se advierte en las meras ocurrencias privatizadoras, fuera de cualquier marco conceptual de análisis, que vienen surgiendo a iniciativa de tal o cual responsable público.
Una estrategia estable y bien programada es, al propio tiempo, la que permitiría que los sectores privados accedieran en un marco de igualdad, y en las condiciones adecuadas para desarrollar una correlativa estrategia empresarial. Justo lo contrario, en suma, del arbitrismo político y el oportunismo empresarial.

jueves, 30 de abril de 2015







Hay que ocultar a los pobres para que Madrid no parezca lo que es. ... Albert Rivera subiendo el pan y Espe echando a los pobres de la plaza.
Ya que no hay forma humana, ni inhumana, de impedir el agravio de la pobreza, nos estamos dedicando a procurar que los pobres sean invisibles. La propuesta de que los menesterosos sean transparentes tendrá éxito, sin duda. Siempre han sido un reproche. En tiempos conseguían que nos remordiera la conciencia, que siempre ha sido de largas digestiones, a los que solíamos dar limosna a horas fijas, preferentemente después de misa de doce. Yo, sin ir más lejos, he participado en aquellas inolvidables mañanas líricas que inventó en su teatro Lara de Madrid quien, por cierto, era la persona más generosa que he conocido en mi larga vida. A Conrado Blanco le gustaba compartir. Sabía por supuesto que los desharrapados existen, pero prefería no frecuentarlos de cerca. Citaba a los poetas de 'alforjas' después de misa de doce, como si todos fuéramos a misa en aquellos tiempos del nacionalcatolicismo, que abundaban en descreídos, que éramos al mismo tiempo genuflexos dominicales. Eran otras épocas, en la creencia de que no sean la misma.
Lo mejor que se puede hacer con los pobres es no mirarles a la cara, no se vaya a correr el riesgo de que se nos caiga de vergüenza. Representan una acusación y por eso el gran Federico García Lorca, que era un genio de verdad, llegó a ver a los pobres como si estuvieran hechos de otra sustancia, «como los animales», dicho en sus propias, misericordiosas palabras.
El desagrado que produce contemplar la miseria intenta atenuarlo Esperanza Aguirre, que dice que hay que echar de la calle a las personas sin techo. Hay que procurar que no las veamos. Podemos evitar su presencia, pero no su condición. Solo hay un procedimiento para impedir que no nos pidan limosna por la calle, excluido el de no salir de casa: es evitar que los que no tienen techo salgan a la puñetera calle. Corazón que no siente no es un corazón.
Con tanto mendigo la Espe podría organizar los Juegos del Hambre. Es lo más cerca que estaría Madrid de unos JJOO”
Cuando algo molesta, en lugar de arreglarlo, lo mejor que se puede hacer es eliminarlo. Es lo que parecen pensar en el PP. Ya lo hicieron con las imputaciones, cambiando su denominación en lugar de eliminar del partido a todos los imputados como muestra de estar contra la corrupción. Ahora hay investigados, y hasta que los ciudadanos nos acostumbremos a esta nomenclatura, pasarán años. Esperanza Aguirre pretende hacer lo mismo pero con las personas que viven en las calles de Madrid. Va a realizar un profundo estudio de por qué “está permitido vivir en la calle”. Según sus propias palabras, “antes venía el Samur Social y se limpiaba toda la zona”. Es decir, para no ver la miseria, lo mejor es barrer las calles de aquellos que han tenido la mala suerte de caer en desgracia y no tienen dónde vivir. ¿Cree la señora Aguirre que están en la calle por gusto? Tal vez no sepa que muchos son víctimas de las políticas restrictivas y de recortes impuestas por su partido. Su intención no viene de un interés social, sino por un interés económico: no vayan a ver los turistas la realidad en la que nos ha metido Rajoy y su equipo. En lugar de preocuparse por eliminarlos de la vista de todos, debería preocuparse por cambiar sus condiciones de vida.
¿Alguien piensa que se pueden afrontar unas elecciones con el punto de mira puesto en si hay catástrofe o no en el PP o en el PSOE? La respuesta es sí, para aquellas personas (y son muchas) para las que la cantidad de votos prima frente a la calidad de las propuestas que puedan aparecer en un programa electoral determinado. ¿Qué candidatos y de qué partido explican sus programas electorales y ofrecen soluciones válidas a la ciudadanía que se siente impotente, despreciada, ninguneada por la clase política? ¿Qué espacios de diálogo, no de enfrentamiento, han planificado quienes aparecen como responsables de las campañas? ¿Dónde se nos sitúa a la ciudadanía, en quienes repercutirán, en definitiva, las decisiones tomadas por nuestros futuros representantes? ¿A alguien le interesa mi voto? A quien le interese que me hable de responsabilidad política, de servicio sin fisuras a la ciudadanía, de honestidad, de gestión transparente sin opacidad alguna, de respeto a todas las personas, de entrega a la más hermosa de las actividades: la labor incansable por el bien común, es decir, la labor política.
Ya vale de trepas insaciables, de vividores a cuenta de nuestros impuestos, de ladrones sin medida. Ya vale de ausencia de valores en el ámbito de la política. Ya vale de abusar de nuestra indefensión. Ya vale de personas irresponsables, repetidoras hasta la saciedad, que aparecen de nuevo como candidatos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Fracking: Energías fósiles y nuevas enfermedades.




Parece la panacea, ya tenemos energía para cien años más, lo que unido al petróleo nos da unos 160, 170 años de tranquilidad, eso sí, a precios desorbitados enriqueciendo a los de siempre y con la tranquilidad de poder aumentar la población mundial otros 2.000 millones a quien vender la porquería de productos obsolescentes que nos hará felices.

   Pero veámoslo por partes: las energías nos permitieron crear un sinfín de productos, que nos dan la posibilidad de aumentar nuestra supervivencia unos 20 años. Claro que esta es un poco irrealista, pocos son los que la aprovechan, la mayoría pueden sufrir Alzheimer y varios tipos de demencia, las cuales son atentamente atendidas por el estado, con su Ley de la dependencia, también escrita y tan mal interpretada por el gobierno. Pero ello no es lo importante, lo mejor es que durante cierto tiempo consumiremos y mejorara el PIB, aunque luego nos desahucien como es lo lógico en este casi país.

   La revolución industrial, permitió la fabricación de  productos cada vez más exactos y más pequeños, que nos dieron  la posibilidad de tener un progreso significativo, con una mejora en la salud y el descubrimiento de fármacos que nos inmunizaban contra las enfermedades  ( sobre todo en la infancia ) alargaron los años vividos y nos dieron el fantasma de la inmortalidad;  todo ello se consiguió con la explotación de los combustibles fósiles y luego la energía nuclear, pero ello produjo una serie de enfermedades desconocidas hasta entonces, la mayoría provocada por el impacto medioambiental en el entorno.

Ahora tenemos el Fracking, el cual según los resultados que se empiezan a ver, contamina el subsuelo, envenenando los pozos y los acuíferos subterráneos, sobre ello tenemos un trabajo, ya visto en el programa En Portada, recientemente emitido en TV
Unos aseguran al equipo del programa que el fracking dispara la actividad sísmica, mientras que otros lo niegan. Unos dicen que la fractura hidráulica desperdicia agua por toneladas y otros replican que menos que un campo de golf. La polémica está servida

Lo que sí es cierto es que con esta técnica se destruye la roca, que es la base de sustentación del suelo, lo cual produce pequeños terremotos, allanado el camino de la actividad sísmica, veremos cómo se comportara esta, cuando las placas tectónicas de la tierra provoquen un terremoto de magnitud -6- . Lo que sí es cierto que las enfermedades que provoca estas fugas ya están aquí;  ¿seremos capaces de pararlas?

   También es cierto que la energía nuclear es segura???  Véase lo ocurrido en Japón y anteriormente en Rusia.


Como alguien del pueblo comento;  y si en lugar de dejar un mundo mejor a nuestros hijos, dejamos mejores hijos a este mundo.

domingo, 8 de febrero de 2015

La campaña electoral perjudica la salud.




La campaña electoral perjudica la salud.



Pobreza energética

Al ver el importe de mi última factura de gas, 290 euros, he sentido indignación, sobre todo por el uso prudente del que hacemos de este servicio en casa. Pero al momento he tenido una rara mezcla de alegría (me siento un afortunado por poder pagarla) y tristeza (por todos aquellos que sufren eso que llaman ahora “pobreza energética”).
Por cierto, en un contexto actual de deflación y abaratamiento de las materias primas, ¿cómo es posible que cada año paguemos más por los suministros domésticos?— 
Viva la reforma
Me levanto inquieto: anoche escuché que los contribuyentes asumiremos el coste por la salida a Bolsa de Bankia y que el Constitucional, con el mismo ponente que la inspiró, avala la reforma laboral. Las autoridades de Empleo muestran su satisfacción. Me desayuno con casi 80.000 parados más, cerca de un cuarto de millón de afiliados a la Seguridad Social menos y dos millones y medio de desempleados sin prestación alguna. Las autoridades de Empleo dicen que ahí está la prueba del éxito de la reforma laboral y de la solidez de la recuperación económica. Me acostaré tranquilo: en algún lugar han apuntado que la culpa es de los Gobiernos de Rodríguez Zapatero. Acabáramos.—

Dejemos de fingir

Como dijo Nuccio Ordine, la economía dominante insiste en mirar hoy en día tan solo a la producción y el consumo. Keynes ya dijo que la economía es un mal necesario que nos forzaría a fingir durante 100 años que lo justo es malo y lo malo es justo, porque lo malo es útil y lo justo no lo es. Seguimos fingiendo y por ello hemos padecido una nueva crisis en la que los que más han sufrido han sido los ciudadanos sencillos y honrados. Las organizaciones gestoras de nuestras vidas (Gobiernos, Unión Europea) han decidido defender lo malo y abandonar al sufrimiento a los europeos (“agradeciendo su sacrificio”, cruel eufemismo).
Pero lo peor es que nuestra estructura social y económica ha abandonado a su suerte a sus hijos, nuestros hijos. No importa la educación, no importa la dignidad de las condiciones de trabajo, no importa la felicidad. Sólo importa no molestar al poder financiero. Nunca en la historia de la humanidad ha quedado tan manifiesto ese desprecio por el futuro de sus hijos, por el futuro de la especie. Al menos, el resto de animales mantienen el compromiso biológico. Nosotros lo hemos aniquilado.
Hay que cambiar de rumbo, ya. Y hacer lo bueno, porque es justo. Dejemos de fingir.—

miércoles, 4 de febrero de 2015

Las paradojas de la reforma eléctrica




Las paradojas de la reforma eléctrica

El recibo de la luz en enero de 2015 va a ser, para un consumidor doméstico tipo, cerca de un 4% más caro que el de diciembre. Nada menos que un 18% más caro si lo comparamos con el mismo mes del año anterior. Es claro que estamos ante elevados precios que, en año plurielectoral, resultan anómalos.
Durante las primeras semanas del mes hemos asistido a una menor contribución renovable a la producción de electricidad a la habitual por estas fechas -desde luego, muy inferior a la del año anterior- hecho que, paradójicamente, ha propiciado que el actual ministro de energía, que sin duda será recordado por arrasar el sector renovable español, haya declarado confiar en él para que los precios vuelvan a niveles más asumibles.
Lo más curioso es que, en los últimos días del mes, la producción renovable (en particular, la eólica) se ha incrementado notablemente; pero, contra lo que esperaba el ministro, la caída de precios no está correspondiendo.
Veámoslo con un ejemplo: comparemos los días 28 de enero de 2014 y 29 de enero de 2015. Escojo éstos porque, como puede comprobarse en el gráfico siguiente, son eléctricamente muy similares: tanto la demanda como las producciones nuclear, eólica y solar son prácticamente idénticas.
2014 y 2015
Resulta evidente que la gran diferencia entre ambos días es que una parte relevante de la producción hidroeléctrica de 2014 ha sido sustituida por térmica (carbón, gas y fuel) en 2015. Alguien podría pensar que el problema es que no hay agua en los embalses: nada más lejos de la realidad. Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, los embalses hidroeléctricos se encuentran al 76,6% de su capacidad, muy por encima del 66,4% medio de los últimos diez años. Nos encontramos, por tanto, una vez más, con una decisión empresarial de no desembalsar demasiada agua.
No obstante, la diferencia de precios del mercado mayorista de electricidad, atención, es esta vez enorme: pasamos de 4,95 €/MWh a 44,35 €/MWh. ¿Cómo es posible que una variación de poco más del 10% de las fuentes de generación provoque que el precio prácticamente se haya multiplicado por nueve?
La respuesta no es otra que la propia reforma energética, que tanto he criticado y que desplegó completamente sus efectos a partir de junio de 2014. La misma, además de recortar brutalmente los ingresos de las plantas renovables, ha transformado éstos básicamente en fijos, independientes del volumen de energía generado. El incentivo para producir más cuando más falta hace es, en consecuencia, nulo. Sobre todo si las plantas renovables pertenecen a un grupo empresarial que cuenta con otras tecnologías de generación: interesará mucho reducir ligeramente la aportación renovable a costa de incrementar la fósil en la misma medida. Los ingresos totales obtenidos, como hemos visto, pueden multiplicarse.
Por si faltaba algo, además, una parte relevante del parque renovable se ha quedado sin prima alguna, por lo que cobra exclusivamente el precio de mercado. Naturalmente esto ha ocasionado un cambio de conducta en su forma de ofertar su energía. Hasta el año pasado era frecuente encontrar episodios de gran aportación renovable en los que el precio era cero, esto es, toda la energía eléctrica del país se producía gratis. Ahora es mucho más difícil, porque las plantas que no tienen otra retribución ya no ofertan a precio cero sino a su coste variable. La ausencia de estos ceros afecta fuertemente a las medias diarias, semanales y mensuales de los precios, aumentando éstas considerablemente.
En fin, que la desastrosa regulación de las renovables que se puso en funcionamiento en 2014 está, paradójicamente, poniendo en jaque la estrategia del Gobierno de bajar los precios de la energía en año electoral. Apuesto a que en los próximos días vamos a asistir a nuevos cambios normativos o, alternativamente, a cambios en la estrategia empresarial relativa a la gestión del agua.

  1. El actual Bono Social eléctrico, es muy excluyente y rácano, resultaría mucho más beneficioso si se aplicase sobre renta mínima, ya que al darse mucha precariedad en la contratación laboral (contratos por horas) provoca que por el hecho de cotizar a la SS por unas míseras horas semanales, ya te excluyen del Bono Social eléctrico. 

miércoles, 28 de enero de 2015

Por el bien de Grecia. Por el bien de Europa.




Los resultados de las elecciones griegas, pese a haberse confirmado los pronósticos, han sido recibidos por muchos como una conmoción, y por no pocos como un error por parte de los griegos, del que ahora será menester sacarlos llevando al líder de la triunfante Syriza al redil de la razón austera (esa que profesan Merkel y el Bundesbank y a su dictado toda la Eurozona, mientras en Londres o Washington van a su bola y crean empleo). Los que juzgan ese empeño impracticable dibujan ya escenarios apocalípticos, con un Tsipras impermeable a toda sensatez provocando el impago de la deuda, la crisis del euro y la eventual salida de su país de la moneda única. Pero los cataclismos no se producen con tanta facilidad, cuando en las dos partes hay inteligencia y voluntad de hallar un entendimiento y, lo que es aún más decisivo, cuando existe la necesidad de alcanzarlo.

Algunos no creemos que los griegos se hayan equivocado, entre otras cosas porque el fundamento mismo de la democracia (que, por cierto, inventaron ellos) es que la voluntad mayoritaria define en cada momento el mejor itinerario que puede seguir una comunidad. A veces, y a posteriori, la Historia determina que la decisión de la mayoría fue desafortunada, pero a menudo, cuando tal sucede, el error no está en esa decisión popular, sino en factores previos e ignorados por los votantes, o posteriores y que escaparon a su voluntad expresada en las urnas o incluso la contravinieron. Al margen de estas consideraciones teóricas, más de la mitad de los griegos (si contamos, junto a los votos de Syriza, los de otros partidos nuevos) han considerado oportuno lanzarle a Europa un claro mensaje

Puesto en pocas palabras, se resumiría así: «No nos habéis tratado como se trata a la propia gente, nos habéis cobrado sin piedad nuestros errores como sociedad y aún hemos tenido que pagar los yerros de quienes en otro momento, entre nosotros, eran vuestros factores y agentes. Como europeos, desearíamos más consideración, y os pedimos que, ya que hemos de pagar por lo que hicimos mal, nos déis una oportunidad de hacerlo sin perecer en el empeño».

No merece la pena abundar en los graves descontroles de las finanzas públicas y privadas griegas. Cuando un hijo mete la pata en un negocio o en su vida personal, la reacción de la familia no es sumarse a sus lapidadores, sino tratar de echarle una mano, arrimándole una ayuda que a lo mejor no se ha ganado, para que se rehaga y se enderece. Y eso, que sin duda lo habría hecho por los franceses o los británicos, la Europa germánica no lo ha hecho por los griegos.

lunes, 26 de enero de 2015

Un Estado menesteroso, por no decir miserable, más que endeudado, en permanente bancarrota




   Venimos de un Estado pobre, menesteroso, por no decir miserable, más que endeudado, en permanente bancarrota desde la guerra de la independencia hasta la guerra de Cuba. En medio, guerras civiles entre liberales y carlistas y, después, los continuados desastres de la guerra de Marruecos, que prolongaron la situación de quiebra hasta bien entrado el siglo XX, cuando “pacificado” el protectorado marroquí, una enésima rebelión militar, con su secuela en forma de revolución obrera y campesina, arrasó de nuevo al Estado dejando aquella espantosa ruina que fue la herencia recibida por quienes penamos la suerte de nacer en los años del hambre.
Es un tópico de nuestra historia atribuir la floración de naciones, venidas a la existencia en la coyuntura de aquel fin de siglo, a una debilidad congénita del Estado español. ¿Debilidad, se podría preguntar, o más bien ausencia? Cuando Ortega publicó su apelación a la República, varios años después de que Azaña lanzara la suya, cerró su memorable artículo con un “¡Españoles, no tenéis Estado, reconstruidlo!”. El Estado español de los años veinte del siglo pasado se había convertido en una especie de sociedad de socorros mutuos, había escrito también nuestro más ocurrente filósofo. Ocurrencia genial en este caso, porque en efecto todo el aparato del Estado no daba más que para sostener a aquella sociedad que en otra ocasión el mismo Ortega calificó como vieja España.
El caso es que, entre el servicio de la deuda contraída para alimentar un ejército en permanente derrota, lamiéndose sus heridas en el exterior con sus recurrentes rebeliones en el interior, el Estado español careció de recursos, no ya para crear nación, sino para edificar centros escolares, construir institutos de enseñanza media, financiar centros superiores de investigación científica, levantar hospitales, extender ambulatorios, abonar pensiones, desarrollar servicios. La enseñanza primaria y media se abandonó en los centros urbanos a manos de la pléyade de órdenes y congregaciones religiosas que acudieron a España como a panal de rica miel cuando comprobaron que el Estado no dedicaba ni un céntimo al capítulo de salarios a maestros, y dejaba pasar décadas sin construir ni un solo instituto. En los hospitales de beneficencia se hacinaban los pobres, y los ambulatorios de la mal llamada Seguridad Social eran lugares sucios y malolientes, donde un médico mal pagado recibía al paciente sin dejar que se sentara, apestando a tabaco y recetando cualquier cosa en un minuto, después de echarle una mirada de abajo arriba en la que se concentraba la mezcla de desprecio y hastío que le provocaba aquella hora en que despachaba a una cincuentena de pacientes.
Si se mira al ámbito de la ciencia: reducción de presupuestos, supresión de equipos y programas
Ese fue el Estado que heredamos: nada de extraño que, cuando llegamos a la edad de la razón política, quisiéramos ser como los franceses. Parecerá una tontería, pero aquel querer ser como actuó al modo de espoleta, movilizando energías y recursos, despertando voluntades y agudizando inteligencias para acabar de una buena vez con el lamento y poner manos a la obra: en pocos años dejamos de querer ser como y emprendimos la tarea de ser como. En resumen: un Estado democrático al modo de Europa, con un potente sistema de salud, educación primaria universal y gratuita, institutos para enseñanza media, universidad en expansión, centros de investigación, pensiones. El español era por fin como los europeos un Estado sostenido en el compromiso keynesiano, en bienes públicos que amortiguan las desigualdades sociales inherentes al sistema capitalista.
Y de pronto, la política elaborada para hacer frente a la primera gran crisis del capital del siglo XXI rompe, contra los intereses de la mayoría, el pacto que sirvió de base a nuestro actual Estado social. Las listas de espera en la sanidad pública se alargan hasta el punto de sumar cientos de miles los pacientes que ven pasar meses y hasta años sin posibilidad de realizar una consulta, someterse a un análisis o sufrir una operación. Y si se mira al ámbito de la ciencia, el paisaje comienza a ser el de un territorio desertado, producto de una terapia de choque: drástica reducción de presupuestos, supresión de programas, cierre de equipos, investigadores a la calle. La majadera provocación de Miguel de Unamuno cuando de su pluma salió “que inventen ellos” no es nada comparado con el perverso designio que anima al Gobierno de esquilmar la producción científica en España.
Aunque la propaganda política se cebe en desprestigiar a los funcionarios como individuos que una vez conquistada su plaza se echan a sestear, es lo cierto que en la historia de la Universidad y de los centros superiores de investigación de España nunca se había publicado, debatido o celebrado simposios como en los últimos 30 años. Nunca tantos españoles han participado en tantos proyectos internacionales de investigación o han ganado una plaza docente en universidades extranjeras. Pero nunca tampoco han vivido tantos investigadores, con decenas de artículos publicados en las mejores revistas de su especialidad, tan en precario, como becarios hasta cumplidos los 40 años, o haciendo ya las maletas. Y el panorama no es muy diferente si se mira a la educación primaria y media: miles de profesores que habían concursado con éxito en oposiciones para plazas docentes y que solo pudieron ocuparlas de forma interina se han encontrado con el despido mientras se expanden los colegios concertados.
El mensaje es: si quieres un médico, hazte un seguro; si necesitas un buen colegio, págatelo
Tan recién construido como era nuestro Estado social, con apenas 30 años de vida, y ya se empeñan desde los Gobiernos en provocar su irreversible ruina, reduciendo presupuestos en sanidad, educación y ciencia, paralizando inversiones, expulsando a interinos, amortizando plazas de jubilados (10 por uno es nuestro precio), externalizando —¡qué negocio!— servicios, congelando salarios. Y como la política de destrucción de bienes públicos por las bravas, entregándoselos a precio de saldo a intereses privados, ha tropezado con fuertes resistencias en la calle, se ha sustituido por un deterioro programado: que nos hartemos de esperar tres, seis, nueve meses en una lista y vayamos adonde tendríamos que haber ido desde el principio, a la clínica privada; que la gente se espante al ver que sus hijos van a una clase donde los alumnos comienzan a ser multitud y los maestros parecen cansados.
Lo vamos a sentir, a llorar más bien, porque nunca hemos disfrutado en España de bienes públicos en tanta cantidad y de tan alta calidad como los construidos desde la Transición a la democracia hasta 2008. Pero desde que nos golpeó la crisis, todo es destrucción, acelerada a partir del retorno del Partido Popular al poder. Destrucción, no reforma, no planes en busca de mayor eficiencia, no mejora en la distribución y empleo de recursos, no propuestas para alcanzar mayores rendimientos, no políticas de personal que premien méritos y penalicen ausencias inexcusables. Reformar para qué, si se ahorra más y se acaba antes sacudiéndonos todo este peso de encima: esa es la política; y este el resultado: una amenazante devastación de bienes públicos que pone fin al periodo de mayor cohesión social vivido por la sociedad española desde que existe como sujeto político, o sea, desde la Constitución de Cádiz.
Lo que vendrá después, una vez culminada la operación, ya se puede imaginar: los bienes y servicios públicos emergerán de su ruina como propiedades privadas cuyo acceso por los ciudadanos estará en función de su diferente poder adquisitivo. No era bastante la agresión que las clases medias, en sus distintos niveles, han sufrido con la bajada de salarios nominales y reales, la masiva pérdida de empleos, los ERE y demás artefactos de liquidación de derechos laborales, que no contentos con todo eso, se aplican a dar la última puñalada: si necesitas ir al médico, hazte un seguro privado; si estás dotado para la ciencia, vete al extranjero; si quieres para tus hijos un colegio con un profesorado joven y motivado, págatelo de tu bolsillo. Esto es el mercado, so idiotas, nos dicen los que pretenden protegernos de la devastación que ellos mismos provocan en los bienes públicos. Y en esas estamos, con un mercado creciente y un Estado menguante, en trance de reducirse otra vez a sociedad de socorros mutuos.

martes, 13 de enero de 2015

¿Qué será de mi hija? niñas de Nigeria.




Alguien pregunta por vosotras insistentemente, alguien que un día alumbró vuestras vidas, alguien que desde el día que os secuestraron lloran impotentes vuestra desaparición.
Las más de doscientas niñas secuestradas el 14 de abril del año pasado fueron obligadas a convertirse al islamismo radical y a casarse con militantes milicianos pertenecientes al grupo terrorista del que se hace llamar Boko Haram o “la educación occidental es pecaminosa”.
¿Qué será de mi hija? La incógnita se va despejando poco a poco.
La cobardía, la frialdad y la crueldad de quien o quienes rigen los destinos de estas niñas se prolonga hacia una atrocidad extrema: la de convertir sus inocentes cuerpos en bombas vivientes. ¿Qué sentirían cuando les colocaban los chalecos explosivos? ¿Quizás la liberación definitiva sabiendo cuál iba a ser su destino?
Mientras el mundo entero miraba hacia París, el sábado, una de estas niñas era abandonada a su destino de muerte y de terror en un mercado de Maiduguri en el que perdieron la vida 19 personas y otras 20 resultaron heridas, y en la tarde del domingo, otras 2 niñas bomba fueron dejadas en el mercado de Potiskum, donde quedaron desperdigadas sus trenzas junto con otros 5 cadáveres y 26 heridos.
No puedo dejar de reflexionar sobre los cientos de personas que diariamente son asesinadas por actos terroristas aislados, o en los conflictos bélicos de diversos países del África subsahariana y de Oriente Próximo y que son prácticamente ignoradas. No puedo entender que los países que se dan golpes de pecho proporcionen tantas armas para estos fines. Y no puedo dejar de pensar en los millones de gentes desplazadas a otros países huyendo del horror.
Y me chirría el estómago y se me nubla el entendimiento al ver desfilar hoy en París, entre tantos presidentes apesadumbrados que clamaban por la libertad de expresión, por la erradicación del terrorismo y por la paz, a quienes no han sido ni son capaces de dar un paso adelante para lograr la pacificación de sus pueblos. Hablo de Mahmud Abbas, presidente palestino, y de Benjamin Netanyahu, presidente de Israel.
Manifiesto aquí mi solidaridad con todas las víctimas del terror, allí donde se produzca y en nombre de quién o qué se produzca, así como mi deseo de que se respeten los derechos humanos –valores esenciales de todos los pueblos y sociedades– y que se cumplan los compromisos de cooperación internacional de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Por la paz. Por la libertad.

Averroes y si leyésemos sus palabras.

Este gran filósofo, médico y jurista nacido en Córdoba el año 1126 era hijo de un juez. Murió en Marruecos en 1198. Sus comentarios manifiestan a través de las explicaciones y desarrollos, su gran sabiduría, y la agudeza de su inteligencia. Escribe comentarios menores y mayores de la obra de Aristóteles. Aunque también destaca entre sus libros la Exposición de la República de Platón en el que analiza los diversos aspectos de un estado que sea, realmente, apropiado y armónico para sus habitantes. Es natural que sea conocido como el más brillante comentador del estagirita.
En esta obra, que es un tratado de filosofía política, Averroes revela su conocimiento de la realidad social del mundo andalusí en el que vivía. Su originalidad se nota en su clara afirmación de un realismo político absoluto. Rechaza la justificación de la existencia del legitimismo monárquico islámico de su tiempo.
Se percibe en sus escritos un profundo interés por la ética. Para Averroes el ser humano posee un carácter unitario ya que doble dimensión personal y social están, en realidad, es una por su interconexión. La conducta práctica de los hombres es la plasmación de la naturaleza sociable de las formas de vida ciudadana. Los individuos están bastante influidos por lo social. Algo que concuerda, perfectamente, con lo planteado por Aristóteles.
Aunque el filósofo cordobés no tuvo a su alcance la Política del maestro de Alejandro, por no estar disponible todavía, debido a los problemas de recuperación de parte del Corpus aristotelicum, y de su traducción. De hecho, el mismo Averroes indica que comenta la República de Platón: «ya que el libro de Aristóteles sobre la Política no ha llegado a nuestras manos»
Para este sabio musulmán es indudable que el conocimiento culmina la teoría, porque la verdad es algo deseable en sí mismo, ya que es el fin de las acciones humanas. Considera, acertadamente, que es mejor vivir en una comunidad social y política que multiplica las experiencias, y favorece el conocimiento y la investigación, cree en la ciencia, y el afán de saber e inventar. Está en contra de una actitud que promueva la vida solitaria del sabio, algo propuesto por Ibn Tufayl, porque dificulta alcanzar la verdad y la felicidad.
Las virtudes sociales se corresponden con las anímicas, algo que está de acuerdo con lo escrito por Platón. Averroes considera que el ideal ético no es seguido por una gran masa humana. Por tanto, la labor principal es que la sociedad se convierta en un gigantesco complejo educativo. Contando con una actitud general que sigue el término medio aristotélico. La eudemonía o bienestar es lo que se debe lograr a través de la prudencia. Porque Platón no había resuelto el problema de la armonía del estado y de la sociedad, con su rígido y aristocrático sistema estatal. La educación ética y la formación filosófica, por tanto, son fundamentales para una convivencia social más justa y racional.

En lo referente a las cuestiones metafísicas Averroes pensó que la inmortalidad personal no era posible, pero sí como una especie de inteligencia colectiva o universal, propia de la especie humana. Este planteamiento fue rechazado por santo Tomás de Aquino, ya que negaba la esencia doctrinal del cristianismo. Averroes destacó también por su tolerancia, buen juicio y humanidad

martes, 6 de enero de 2015

Apagaba su viejo televisor a distancia con el mango de una escoba.



Por qué lo llaman populismo si, en realidad, lo que se quiere decir es justicia social. Por qué lo llaman populismo si semejante término ni siquiera está registrado en el diccionario de la Real Academia. Es increíble; hay “populismo” en Reino Unido con el partido UKIP, en Grecia con Syriza, en Francia con Marine Le Pen, en Italia con el Movimiento Cinco Estrellas, en España con Podemos y hasta en Estados Unidos con “el nuevo populismo” de la senadora demócrata Warren; quien, por cierto, como casi todos los “populismos”, lo único que predica es justicia social: que las grandes corporaciones económicas dejen de actuar en el Senado como lobbies para obtener beneficios y exenciones fiscales.
Si en algo están de acuerdo economistas de pelaje variopinto, desde keynesianos a ultraneoliberales (los datos se manipulan, pero no pueden ocultar por entero toda la verdad) es que la crisis la han pagado con creces los pobres y las clases medias. Los ricos han ganado más dinero que nunca. “Las brechas se han ensanchado” es el eufemismo que se recita.
Entonces, ¿a qué viene amenazar a la opinión pública con que vienen los populistas? (Esta palabra sí existe). ¿Acaso abogar por los intereses de la gente común es algo peligroso? Otra cosa es que llegados al Gobierno, si es que llegan, quieran o puedan cumplir sus promesas.
Soy autónoma y cumplo con mis obligaciones a rajatabla, tanto las que tienen que ver con la Seguridad Social, como con mi IRPF e IVA. Sobre todo el bendito IVA, que ha hecho que muchas veces tire de mis tarjetas de crédito para pagar en los plazos establecidos.
Hice mi declaración el 9 de mayo de 2014 en la que me debían devolver casi 6.000 euros, fruto de mis 12 horas de trabajo diario, incluido algún fin de semana y festivo.
Soy madre divorciada, por lo que durante este tiempo he tenido que sortear cambios de estaciones para un niño que crece, vacaciones de verano sin salir ni a la esquina, vueltas al cole y ahora una cuesta de enero que se prevé abismal, no precisamente por los regalos y las cenas con los amigos, sino por volver a empezar otro mes y ahora otro año en números rojos. Y yo sigo esperando, después de siete meses, que me paguen el dinero que me corresponde.
El 5 de enero me pasarán un recibo aplazado del IVA que ya no podré sortear, y la respuesta en Hacienda es que están “comprobando mi declaración” (¡Llevan siete meses de comprobación!) y que no me preocupe “que a partir del 1 de enero voy a ganar intereses”; ¿qué suerte no?

El dinero no da la felicidad pero calma mucho los nervios, dice Woody Allen. Estamos asistiendo a una época en la que se están descubriendo los ingresos exagerados que percibían una serie de personajes que, mientras reducían los salarios de sus empleados, o de toda la ciudadanía, ellos se aplicaban cantidades sin atenerse a control ninguno. Por otro lado, se lee que en los mercados hay excesiva liquidez y no se sabe en qué invertir. Hemos comprobado a qué nos ha abocado este exceso de liquidez y la falta de control existente.
En la época opulenta, hasta el PSOE se negó a subir el impuesto a los muy ricos. Así que parece que hay suficiente dinero para que pueda calmar más nervios de los que en la actualidad calma, y evitar esta bacanal de avaricia a la que, perplejos, asistimos. Hace falta una mejor distribución de la riqueza y mayores impuestos a las grandes empresas y fortunas. Y entonces, Woody Allen habría tenido razón

La fuente de financiación del BEI es la emisión de bonos, los países miembros son accionistas del BEI y por tanto proporcionan un respaldo en términos de capital.
La principal función del BEI es aportar financiación de largo plazo y a tipos de interés favorables (después de aplicar un coste de intermediación muy bajo) para proyectos consistentes con los objetivos de la UE. Para poder mantener la calificación de triple A, el BEI debe minimizar el riesgo crediticio en sus proyectos. Un cambio en este modelo de gestión (tomando más riesgo) como parece desprenderse de su participación en el Plan Juncker puede hacer perder al BEI su actual calificación y esto repercutiría en un aumento del coste de financiación de todos sus prestatarios y no solo los asociados con los proyectos del Plan Juncker.

El BEI puede equipararse a una caja de ahorro a nivel europeo, donde la ventaja financiera se traslada a proyectos de interés europeo en lugar de obra social. De igual forma, la actual presión para que el BEI tome más riesgo se puede comparar con la injerencia política en las cajas de ahorros en España, por pura miopía financiera y conveniencia de corto plazo, que solo ha servido para enviar a la quiebra a la mayoría de ellas y destruir la credibilidad de las que han sobrevivido.

Me siento en el sofá por fin, dispuesta a vaciar mi cerebro después de un día agotador, frente al televisor. Y, sin querer, tiro al suelo el mando a distancia, que cae de pico, abriéndose en dos y mostrando su escueto contenido de cables y bombillitas. Intento montarlo de todas las maneras posibles, pero no funciona, así que me dirijo al aparato receptor (en términos del manual informático que merece otra carta aparte) y me pongo a buscar algún botón o tecla escondidos que me permita cambiar de canal de forma mecánica, es decir, a dedo. Sin embargo, esta opción debe ser de lo más rara, porque por más que sobo y resobo e incluso acaricio el aparato en un momento de desesperación pensando que quizá con las buenas maneras me responda… mientras continúo hablando sola, y maldigo y rezo a ese dios menor que se ocupa de la electrónica... no consigo encontrar ningún mecanismo para encenderlo que no sea el maldito mando a distancia que yace a mis pies desguazado. ¿Es esta la supuesta comodidad que nos ofrece la electrónica, la hig-tech,las nuevas tecnologías? Por favor, señores informáticos, ingenieros de telecomunicaciones, directores de proyecto, fabricantes... ¿sería mucho pedir un botón manual, una clavija, un algo a lo que apretar cuando todo lo demás falla? Consuela mucho tener una salida de emergencia.
El padre de una amiga mía encendía y apagaba su viejo televisor analógico a distancia con el mango de una escoba, eso sí que era una herramienta útil y fácil de encontrar.

lunes, 22 de diciembre de 2014

No preguntes solo mira.


 
Impunidad y otras lindezas.

Añoro la España de don Quijote, el país de Labordeta, aquella Celestina que juntó un amor tan conocido como Romeo y Julieta. Añoro los girasoles en lienzo, las playas de Sorolla, a Velázquez, al piano de Albéniz. Añoro el teatro de Lope, los versos de San Juan, el misticismo de Santa Teresa, el “buen amor” del Arcipreste. Busco aquel poeta perdido por las calles de Nueva York y nuevamente perdido bajo la tierra que lo vio nacer. Busco la Granada que no vio Alberti, al caminante de Machado, al pirata de Espronceda. Busco los aceituneros de Hernández, las armas cargadas de futuro de Celaya. Busco la palabra que le queda a Blas de Otero, la Ítaca de Lluís Llach, al vasco salmantino. Busco aquel puerto que encontró un nuevo mundo y sus gallegos. Busco a La Pepa en La Granja.Cuántas cosas que añorar y que buscar. ¿Y qué encontramos? Encontramos a la España de Gürtel, el teatro de las tramas mafiosas, el circo embaucador del Pequeño Nicolás.

La España de la mentira y la farsa, la sombra de la Transición. La España de los piratas bancarios, de los desahucios, la España de la impunidad. Pero no es en los causantes en quienes hemos de poner la esperanza en el cambio. El cambio es nuestro. Empieza en uno, continúa en dos y acaba en todos. Avancemos hacia el cambio. Miremos de lo que hemos sido capaces y consigamos cosas gloriosas porque somos extraordinarios.

¿Y por qué yo no?

Posiblemente, esta pregunta es a la que se van a enfrentar muchos de los padres y madres españoles estas navidades. Según el informe de Unicef Los niños de la recesión,España tiene 2,7 millones de menores viviendo en situación precaria. Al mismo tiempo, se han realizado 16.767 ejecuciones hipotecarias en el tercer trimestre de 2014, según diarios nacionales. Muchas de estas familias tendrán que hacer frente a lo que puede ser su peor época del año.

El hecho de poder celebrar una sencilla cena, sin lujos ni excentricidades, para sus hijos costará, a muchos, esfuerzos inimaginables. Mientras la mayoría de la población española nos quejamos de no poder adquirir los últimos modelos en tecnología o artículos de la nueva marca de moda, un número importante de mujeres y hombres tendrán que explicar a sus hijos por qué en sus casas no han venido los Reyes Magos. ¿Por qué a mí no, mamá? es
la pregunta que mostrará la desilusión de miles de niños cuando vuelvan a las aulas y se sientan inferiores a sus compañeros al ver que ellos no tienen regalos, ya no para presumir, sino para enseñar.

Puede que esto haya sido culpa de los mayores, al haber acostumbrado a gran parte de las nuevas generaciones a tener de todo. Ahora, muchos de ellos no tienen nada y, desgraciadamente, a los niños puede que les importe más no ser infravalorados por sus amigos o compañeros por tener menos cosas que disponer de alimentos para comer.

Cortina de Humo.

Sin dudar de la importancia que puede tener el derecho a decidir o la indisolubilidad del sacro territorio español, los días pasan y los problemas reales de los españoles y de los catalanes (o de los catalanes y los españoles, elijan el orden que prefieran) siguen.

 El número de parados en España sigue cerca de los 4,5 millones de personas, con una tasa que ronda el 25%, por no hablar del desempleo juvenil (por primera vez desde 2011 hemos superado a Grecia y ya una cuarta parte de los jóvenes europeos sin trabajo son españoles) o de los numerosos desahucios. La sociedad ha virado hacia un extremo individualismo y, o empezamos a mirar por el bien común, o acabaremos sufriendo todos

De vuelcos y miserias

Por mucho que anuncie a bombo y platillo el señor Rajoy que España ha dado un auténtico vuelco en su economía, las noticias españolas me deprimen y preocupan. No sé si hablará acaso de los negocios del clan Pujol y sus grandes beneficios, pero lo cierto es que estos días, de tanto vuelco, he sufrido un revolcón al enterarme, con la ingenuidad de un pobre universitario francés que trabaja para pagar sus deudas, que parte de la fortuna de los Pujol está invertida en acciones de la empresa Arcelormittal.

Solo quiero recordar aquí que, tras un conflicto de varios años teniendo como telón de fondo la crisis siderúrgica en esta parte del mundo donde aún los trabajadores siguen cobrando sueldos de miseria, Arcelormittal decidió cerrar hace dos años los últimos altos hornos de Francia dejando toda una región —Lorena— exangüe. La presión de las agencias Moody’s y Standard & Poor’s había aumentado la deuda de la empresa y había de satisfacer a los accionistas.

Poco valor tiene el trabajo de los obreros frente a la inmensa e indecente fortuna de esta familia molt honorable responsable, junto a tantos otros accionistas, de la miseria moderna.

martes, 2 de diciembre de 2014

No todas las personas son tan inútiles como yo




Estoy harta de la charlatanería sobre la corrupción por parte de todos los políticos, no quiero oír ni una palabra más, quiero actuaciones radicales contra los mangantes. La mala noticia es que escribo esto y al mismo tiempo me siento desalentada e inerme, porque no sé cómo luchar contra el grado de indecencia que hemos alcanzado. Pero la buena noticia es que no todas las personas son tan inútiles como yo lo soy. Hay un abogado y estupendo novelista, Antonio Penadés, que ejerce la acusación popular en un caso especialmente repugnante: recordarán que Blasco, consejero de Cooperación y Solidaridad de la Generalitat Valenciana (ay, Camps, Camps), se quedó con seis millones de euros de nuestros impuestos destinados al Tercer Mundo (un dinero para necesidades críticas y reales, un dinero que sin duda ha costado muertes), más 177.000 euros de las donaciones de los valencianos tras el terremoto de Haití. Con eso, Blasco y su panda se compraron pisos de lujo, un yate, un Cadillac... Horteras de bolera, corazones de plomo. Pues bien, gracias a los fiscales, a Penadés y a la abogada de la Generalitat, esos miserables fueron condenados y a Blasco le cayeron ocho años de cárcel.
Ahora Penadés y otros (Muñoz Molina es socio de honor) han montado Acción Cívica, una asociación independiente y apolítica contra la corrupción. Se personarán como acusación popular y brindarán su apoyo a otros abogados. Me emociona y consuela comprobar una y otra vez que existe gente así. Mujeres que tras regresar molidas del trabajo le preparan la cena al anciano vecino; bomberos que recogen alimentos para familias necesitadas; ciudadanos de a pie que, como Penadés, sabe defendernos. La vida sería invivible sin ellos. Yo ya me he hecho socia (accion-civica.org).
Con los datos disponibles, la economía japonesa contrajo su ritmo de crecimiento un 1,6% entre julio y septiembre, en términos anualizados. La decepción es evidente dadas las previsiones de crecimiento del 2,2% que se habían proyectado para ese periodo. La contracción define la cuarta recesión desde el inicio de la crisis y puede explicarse en gran parte por la reacción de la demanda de las familias al aumento en el impuesto sobre el consumo del pasado abril. Un golpe serio a la Abenomics: esa tríada de actuaciones o las tres flechas —reformas, estímulos monetarios y expansión fiscal— destinadas a garantizar un crecimiento sostenido y el definitivo abandono de la deflación. Se trataba de las acciones económicas más agresivas que ha tomado Japón desde que entrara hace casi dos décadas en recesiones sucesivas con deflación. Algo se ha conseguido: depreciar el yen de forma considerable y renovar parcialmente el estado de ánimo de los empresarios.
Pero es verdad que la decepción domina. En realidad, como destaca el Banco Mundial, la economía japonesa ha crecido un 0,95% de promedio entre 1991 y 2013. Ahora es bastante probable que el gobierno retrase la segunda elevación del IVA, prevista para octubre del año que viene, con el fin de no deprimir aún más el consumo.
Eso no será suficiente para conseguir apoyos de los grupos de población más dañados por el estancamiento, debido a la percepción de que las flechas lanzadas por Abe han podido mejorar más a las grandes empresas, desde luego a las exportadoras, que a las pequeñas y a las familias. La mayoría de la población, sin embargo, contempla con inquietud la hipoteca que supone tener una deuda pública que ya supera el 240% del PIB, aunque es cierto que su financiación, casi en su totalidad con ahorro japonés, nunca ha ofrecido el más mínimo problema. No ha de extrañar que, tras esos registros de la tercera economía mundial, en la última reunión del G20 se advirtiera del impacto depresivo sobre las previsiones de crecimiento de la economía mundial. Esa recuperación global es probable que sea tímida, desigual en su alcance y poco generadora de empleo. Un escenario en el que no solo Japón actúa como lastre, sino la propia eurozona.
El diagnóstico de las economías europeas que comparten moneda no es mucho más esperanzador. El crecimiento conjunto no repunta del 1%, cuesta reducir el desempleo y la inflación es históricamente reducida. Las políticas fiscales siguen siendo muy distantes de las que aconseja el sentido común y la política monetaria todavía no ha tomado las decisiones que otros bancos centrales abordaron hace años. Haría bien el nuevo presidente de la Comisión Europea en concretar cuanto antes su plan de inversión paneuropea; y las autoridades alemanas en analizar lo que ocurre en Japón cuando se retrasan demasiado los estímulos a la demanda.
Quiero hacer un reconocimiento especial a organizaciones como Cruz Roja o Cáritas. Nacieron para llegar ahí donde el brazo del Estado no llegaba con el fin de cubrir ciertas necesidades. Ahora, con una crisis que nos atormenta y un presidente que brilla por su ausencia, son ellas las que se encargan de que el significado de Estado social se lleve a término. Gracias. Y gracias a todas aquellas personas que las forman —que cada día son más— por romper la idea ya aceptada en nuestra sociedad de que el hombre es egoísta por naturaleza. Porque el hombre, por naturaleza, tiene la capacidad de decidir. Y siempre hay dos opciones.